Charles Pierre de Frédy, Barón de Coubertin, vivió 27.272 días, hasta que, durante un paseo por un parque de Ginebra, su corazón dejó de latir. Coubertin descansó para siempre haciendo lo que le gustaba y lo que quería para la juventud del mundo: la actividad física. Gracias a sus esfuerzos a favor de la paz entre las naciones del mundo, un largo silencio de 15 siglos sin Juegos Olímpicos terminó.
El proyecto olímpico de Coubertin fue construido y mejorado a lo largo de las 11 ediciones en las que participó entre 1896 y 1936. Cuidadoso, detallista y dedicado, Coubertin consiguió que su trabajo dejara un legado para la humanidad que llegaría al nuevo Milenio y al siglo XXI. La defensa del respeto, la amistad y la excelencia son los valores que simbolizan parte de los más de 27 mil días vividos por Coubertin, una parte dedicada al deporte y a los beneficios físicos y mentales de la práctica de actividad física. Más que eso, propuso pensar en una filosofía que pudiera guiar a las personas hacia la esperanza de la humanidad, porque eso nunca le faltó: el deseo de que el buen entendimiento entre los pueblos garantizara un futuro de paz entre las naciones.
El Centro Latinoamericano de Estudios Coubertinianos busca difundir estos valores cada día, como una forma de celebrar la vida, la memoria, las enseñanzas y el legado de Coubertin. Que podamos continuar con tu Sinfonía Inconclusa.